Hace 3 años Marta vino acompañada por sus padres a consulta para resolver un aspecto de su vida que le angustiaba mucho. El jueves pasado volvimos a hablar ya que en estos momentos de incertidumbre se encuentra con mucha ansiedad porque lleva más de un año preparando la boda que tanto desea junto a su pareja.
Tras el dolor por las pérdidas humanas que estamos viviendo con el coronavirus, para muchos, una boda es algo superfluo pero para otros no lo es. De hecho, llevar a cabo esta etapa es clave para seguir con el proceso de vida familiar y personal. La incertidumbre, intranquilidad y preocupación que genera no saber si se va a realizar o incluso el dolor de haber tomado la decisión de aplazar la boda para el año siguiente sin seguridad de que se vaya a materializar, son motivos para sentir malestar emocional y tensión constante, motivos por los cuales hay que canalizar y gestionar cuanto antes para poder superarlo.

Marta me relataba: “Al igual que el sueño de alguien puede ser montar un negocio, conocer otro país diferente, tener un hijo… para mi es desde siempre, casarme. Y después de estar esperándolo más de un año, llega esto y me paraliza la vida. Es muy duro”.
La ansiedad se apodera de esas personas que como Marta y su pareja, el 2020 les parecía idóneo para casarse. Y a pesar de querer posponerla ¿cuál es la fecha perfecta?
Tras el anuncio de la desescalada, si todo va bien, a finales de junio ya se podrán volver a organizar bodas sin tantas restricciones. Teniendo todos los preparativos listos, no debería de haber ningún problema a excepción de los invitados.
Una de las preocupaciones de Marta que le generan mucha tensión, falta de sueño, pocas ganas de comer y bastante irritabilidad era el no poder compartir ese día con sus más allegados: “Nos estamos dando cuenta que hay mucha familia que no quiere venir por miedo a ser contagiado”. Ante el poder del miedo, ven que no tienen tanto apoyo como deseaban.



Acuden derivados por la ginecóloga que atiende a Carolina. El problema que les preocupa es la imposibilidad de practicar la penetración en sus relaciones sexuales. Carolina tiene mucho temor a que le aparezcan, lo que ella denomina, “sensaciones de dolor”. Dice que automáticamente se pone tensa hasta el punto de bloquearse, causándole mucho malestar. Carolina relata haberse sentido “muy mal” cuando la ginecóloga no pudo llevar a cabo la exploración completa, ya que no pudo relajarse lo suficiente. 
